Ingerir cinco gramos al día más de grasas trans aumenta en un 25% el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Para que nos entendamos, esta cantidad es la equivalente a la que contenía un croissant industrial estándar. De ahí que instituciones como la EFSA (European Food Safety Authority), la FDA (Food & Drug Administration) o la OMS (Organización Mundial de la Salud, hayan tomado cartas en el asunto.

Esta última ha emitido un comunicado en el que informa de la puesta en marcha de la iniciativa “Replace”. A través de ella, la OMS ha pedido a los Estados que eliminen las grasas trans producidas industrialmente de la cadena alimentaria. Su recomendación es no superar los 2 gramos diarios o, lo que es lo mismo, el 1% de la ingesta energética total. Para ello, presenta seis acciones estratégicas:

  • Revisar la situación nacional
  • Promover el reemplazo por otras fuentes de grasas más sanas
  • Legislar para prohibir las grasas trans
  • Evaluar el contenido en la cadena alimentaria y los cambios de hábitos en la población
  • Crear conciencia entre la población y los industriales sobre sus efectos perniciosos
  • Implementar la nueva legislación

En España, las grasas trans no aparecen en el etiquetado de los alimentos

En España, ha recibido la rápida respuesta de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN). “Es necesario informar de cómo llegan a nuestra dieta e incluir datos en el etiquetado de los alimentos. Establecer normativas para limitar su consumo es uno de los grandes objetivos de salud pública alimentaria”, comenta un portavoz de esta sociedad científica. La SEEN enfatiza que, a pesar de que estas grasas podrían estar presentes en una gran variedad de alimentos que son consumidos a diario, la actual legislación no obliga a que sean identificadas en el etiquetado. Es decir, en España no se informa en el etiquetado de la presencia ni de la cantidad de grasas trans en los alimentos.

Ante esta situación, la SEEN insta a:

  1. Regular y desarrollar la normativa del etiquetado nutricional para que la composición en grasas trans de cada alimento sea conocida por el consumidor.
  2. Activar políticas locales e internacionales para limitar su consumo.
  3. Disminuir al mínimo la ingesta de grasas trans, siempre por debajo del 1% de la ingesta energética diaria total.

¿Dónde encontramos grasas trans?

Los AGt están presentes en múltiples alimentos. Casi la totalidad de estas grasas provienen del proceso industrial sobre los aceites de origen vegetal contenidos en los alimentos, especialmente en los denominados “fast food” (hamburguesas, patatas fritas, etc.), aperitivos, productos de bollería industrial, galletas rellenas de chocolate y sopas deshidratadas. Sin embargo, algunos alimentos de origen animal (grasa, carne con masa grasa, leche y derivados) pueden contenerlas de manera natural, pues la flora intestinal de los rumiantes también es capaz de producirlos. Así mismo, el aceite de oliva también puede contener pequeñas cantidades; tanto el aceite refinado como el de mezcla pueden contener legalmente <0.5% de grasa trans, mientras que para el aceite de oliva virgen, la cantidad se reduce a <0.1%.

Según la SEEN, en España el consumo de productos con ácidos grasos trans (AGt), como las margarinas o la bollería, se ha reducido, ha disminuido hasta prácticamente desaparecer. ¿El motivo? Esta tendencia ha estado influida por la evidencia demostrada de su relación con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, esto no ocurre en todos los países. Los ácidos grasos trans siguen estando presentes en muchos alimentos en países como China o India, donde estas enfermedades no trasmisibles están aumentando de manera significativa.

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